Hay un momento en la vida de todo negocio en el que llevar las cuentas a mano deja de funcionar. No es cuestión de tamaño, es cuestión de movimiento.
Estas son las cinco señales más claras:
1. No sabes cuánto vendiste hoy sin sentarte a sumar.
2. Te enteras de que un producto se acabó cuando el cliente lo pide.
3. Los precios cambian y no siempre están actualizados en el mostrador.
4. No puedes dejar el negocio en otras manos sin perder el control.
5. Al final del mes, el efectivo y el cuaderno no cuadran.
Si reconoces tres o más, ya no estás administrando: estás apagando incendios.